viernes, 18 de marzo de 2016

REORGANIZAR EL CAMPO POPULAR. PRIMEROS PASOS

Por José Miguel Candia / Ciudad de México, marzo de 2016

A cien días de gobierno el presidente Mauricio  Macri se mueve en una realidad bipolar. Disfruta los halagos y las buenas maneras de los grandes centros financieros internacionales, y se adorna con los reconocimientos de algunos mandatarios como el italiano Matteo Renzi, el francés Francois Hollande y el norteamericano Barack Obama. Tal vez la única excepción haya sido el talante serio y de pocos amigos que le mostró el Papa Francisco en escasos 22 minutos de entrevista.

Sin embargo, su gobierno no termina de poner la casa en orden. Arrancó con una inusual virulencia “anti-k”, a contrapelo del discurso conciliador y cargado de palabras dulces que utilizó durante la campaña. El “sí se puede” – la consigna de aparente “neutralidad política” que fue dominante en los actos proselitistas - adquirió pleno sentido  al asumir el cargo. Se trata, en realidad,  de una profunda reformulación del programa económico y de emprender una decidida desarticulación del aparato institucional y cultural heredado de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Ante este panorama ¿habrá un oculto arrepentimiento en quienes lo votaron solo para desplazar de la escena a la figura  de Cristina como referente popular? Aun no lo sabemos, pero no tardaremos en conocer la respuesta.

Las medidas iniciales de la administración “macrista” sirvieron para colocar las cosas en su lugar. El ajuste en las tarifas de los servicios públicos, la cesantía de casi 100 mil empleados municipales y federales, la desaparición de algunos organismos estales, la censura al periodismo crítico, las reformas a las leyes de seguridad social (en septiembre próximo se termina la prórroga para los trabajadores que sin cotizar podían tramitar su jubilación) abrieron el juego y pusieron la agenda gubernamental en blanco y negro. La negociación con los tenedores de bonos de la deuda pública – los fondos buitre – es un paso más dentro de una estrategia destinada a ganar la confianza del gran capital financiero internacional. Ante las demandas externas, Macri no duda en solicitar al Congreso, la derogación de leyes “candado” establecidas por el gobierno de Cristina, la llamada ley Cerrojo y la conocida como Pago Soberano.

Sobre las cesantías el ministro de Finanzas, Alfonso Prat-Gray, fue cruelmente  preciso al explicar los motivos de esa decisión: se trata de “quitar la grasa”, declaró ante los medios, cuando le preguntaron por los trabajadores despedidos. Y es precisamente esa “grasa” la que le está provocando los primeros dolores de cabeza al gobierno.
Hay que señalarlo, el campo popular no termina de digerir la derrota electoral de noviembre de 2015. Las respuestas más firmes han sido de carácter sectorial y provienen, hasta el momento,  de los grupos más afectados por las disposiciones del gobierno, en su mayoría empleados en distintos niveles del sector público, trabajadores municipales, provinciales y federales. También reclaman y salen a la calle los docentes de nivel primario.  En menor medida, han ofrecido resistencia los contratados  por empresas privadas, el caso de la productora avícola Cresta Roja fue el más sonado.

Las expresiones formales del movimiento obrero resultan patéticas. Como en pocas coyunturas hay cinco centrales sindicales, tres de ellas se identifican con la sigla histórica CGT (Confederación General del Trabajo) y se distinguen por el nombre de quien está al frente de la misma. De esta forma, se habla de la CGT de Hugo Moyano, de Luis Barrionuevo o de Antonio Caló. Los otros dos agrupamientos obreros también usan el mismo rótulo: Central de Trabajadores Argentinos (CTA) una dirigida por Hugo Yasky y otra por Pablo Micheli.

El sector que dirige el camionero Moyano pasó del apoyo al frente Cambiemos durante la campaña electoral a cierto fastidio, moderadamente opositor, al conocerse los topes que el gobierno quiere imponer a   las paritarias que inician en marzo. Luis Barrionuevo es una de las expresiones sindicales de peores antecedentes, surgidas al amparo de la corrupción y los favores del expresidente Carlos Menem. En cuanto al agrupamiento que orienta el metalúrgico Antonio Caló se lo ve vacilar entre la defensa de los postulados que sostuvo Cristina Kirchner y el interés por ajustar sus reclamos a los lineamientos del nuevo gobierno.
Las dos CTA, anteriormente enfrentadas por su relación con el kirchnerismo – Yasky cercano y Micheli opositor – ahora sostienen un perfil beligerante más definido. Aunque se trata de centrales que nuclean principalmente a trabajadores de los servicios – administrativos, docentes, personal del sector salud y labores de mantenimiento y vigilancia, entre otros – muestran buen musculo a la hora de encabezar huelgas y marchas callejeras.

El amplio y heterogéneo espacio que forman las agrupaciones territoriales – piqueteros; organismos barriales y asociaciones cooperativas -  ofrece también un panorama de indefiniciones y ausencia de respuestas. Algunas de ellas, acostumbradas por los doce años de entendimiento y buena relación con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, parecen desorientadas frente a la gestión de Cambiemos y solo atinan a refugiarse en la defensa, un tanto inorgánica y difusa, de las conquistas alcanzadas bajo los gobiernos kirchneristas. Pronto se verá que no alcanza con replegarse y que se requiere recuperar la iniciativa junto a otros sectores del mundo del trabajo.

Contener la ofensiva anti-popular del programa neoliberal del régimen macrista demanda que todos los sectores opuestos a la entrega del patrimonio público y enfrentados a la falsa disyuntiva de canjear “salarios por empleo”, según palabras del ministro Prat-Gay, emprendan una acción de unidad en la lucha. Para lograr la confluencia en la acción, debe discutirse un acuerdo macro sobre la base de una propuesta de defensa de los intereses de los trabajadores y de los sectores del empresariado vinculados al mercado interno y ligados a la consolidación de los acuerdos económicos y políticos regionales.


De manera gradual el campo popular podrá pasar del reclamo y defensa de los intereses económicos inmediatos a un cuestionamiento más profundo de las políticas del gobierno conservador. Será el momento entonces, de rearticular las bases sociales sobre las cuales se levantó la alianza que hizo posible conformar el Frente para la Victoria.

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