miércoles, 9 de marzo de 2016

PRESIDENTE MACRI: NUEVAS COORDENADAS PARA UN GOBIERNO CONSERVADOR

Por José Miguel Candia / Ciudad de México, marzo de 2016

Se necesitaron horas para que la sociedad argentina y millones de sus votantes, descubrieran que las promesas que formuló durante su campaña el ingeniero Mauricio Macri - cerrar heridas, subsanar agravios y abrazarnos como una comunidad de iguales – eran más frágiles que los globos color amarillo que soltaban al aire sus simpatizantes, al grito de “sí se puede”,  en actos públicos que recordaban las reuniones cinematográficas del Partido Republicano en Estados Unidos. Alcanza con revisar un video. Ropa casual en el candidato y en el público asistente, música y baile y sobre todo besos, abrazos y mucho aire de familia en un auditorio que procuraba distanciarse del tufo plebeyo de los encuentros kirchneristas.

Pero todo resultó un espejismo. En vísperas de cumplir sus primeros 100 días de gobierno – asumió el cargo el pasado 10 de diciembre de 2015 – la gestión de Macri superó los peores cálculos que podían hacerse sobre un equipo que según el perfil de sus integrantes, vinculados a grandes corporativos nacionales y extranjeros, centraría su labor en fomentar las inversiones y poner en orden  algunas variables macro-económicas un tanto disparadas de los controles hacendarios, de manera particular, la paridad peso-dólar, las tarifas de los servicios públicos y la tasa de inflación.

A tres meses de gobierno, la realidad es cruelmente distinta. Casi 100 mil empleados públicos despedidos, buena parte de la prensa crítica de radio y televisión silenciada, desplazamiento de analistas políticos de incuestionable calidad profesional como Víctor Hugo Morales, el encarcelamiento de líderes populares como Milagro Sala y el desprecio por los centros culturales y dependencias gubernamentales que fueron diseñadas con propósitos sociales, y que ahora se ven desmanteladas o reducidas a escritorios vacíos. Lo que se menciona, es el inicio de una vasta tarea orientada a desarticular el aparato institucional que con esfuerzo y decidida voluntad política, se levantó durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Servil con los dictados del Departamento de Estado y con la derecha europea, Macri quiso dar cátedra al abandonar los postulados latinoamericanistas y encabezar  la ofensiva internacional contra los gobiernos populares de la región – de manera señalada le apuntó al régimen del presidente Nicolás Maduro – además de mostrarse complaciente con los organismos internacionales de crédito y con los acreedores del Estado argentino en la reunión de Davos. Tal vez la canciller Susana Malcorra no le explicó a este producto emergente de los medios conservadores, que la política internacional tiene sus reglas y que no alcanza con mostrar actitudes complacientes frente a gobiernos poderosos y ante los dueños del capital.

El acuerdo con los llamados fondos “buitre” resulta otro bochorno para la política internacional argentina, además de ser una evidencia abrumadora de la aplicación de un pragmatismo sin principios ante los tenedores de bonos. La nueva instancia de negociación abierta por ese extraño esperpento que representa el juez norteamericano Thomas Griesa, está sujeta a la derogación de los candados jurídicos que se establecieron durante los gobiernos de Cristina Kirchner: las leyes conocidas como Cerrojo y Pago Soberano. Menuda y humillante tarea la que le toca al Congreso en los próximos días.


En un esfuerzo desesperado por “reinsertar” a la Argentina en el mundo – según su propia definición – Macri se ha entrevistado con el primer ministro italiano Matteo Renzi, con el presidente francés Francois Hollande, con el Papa Francisco y los próximos días 23 y 24 de marzo – doloroso aniversario del golpe de Estado de 1976 – con el mandatario Barack Obama de los Estados Unidos. No sabemos aún qué obtenga de la visita del presidente Obama, pero los escasos y protocolarios 22 minutos que le dedicó el Papa en su visita al Vaticano son otra evidencia de que no es suficiente arrodillarse ante los poderes fácticos para obtener favores y tratos preferenciales. Su jefe de campaña y asesor de imagen, Jaime Duran Barba, tendrá que decirle al oído que una actitud digna y bien sustentada deja mejores dividendos que el entorno de frivolidad y vacío de ideas que constituyen su gabinete de gerentes y prestanombres de los grandes intereses corporativos.

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