viernes, 25 de marzo de 2016

ARGENTINA: DEL GOBIERNO POPULAR AL MODELO NEOLIBERAL

"Si malo es el gringo que nos compra
peor es el criollo que nos vende.”
Arturo Jauretche 

Por Carlos Prigollini / Ciudad de México, 21 de marzo de 2016                                                         
Después de 100 días de gobierno neoliberal, la República Argentina ha aumentado su deuda externa en casi un cuarenta por ciento gracias a devaluaciones, megacanjes, fondos buitres, el despojo y saqueo de la Nación que entre diputados conservadores del oficialista PRO, partidos políticos menores y "el fuego amigo" de ex aliados del Frente para la Victoria (FpV) supieron imponer en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación. Simultaneamente, en las inmediaciones del Congreso, el pasado 16 de marzo, una impresionante multitud protestaba contra este acuerdo de pago  gritando traidores y entregadores de la patria a los diputados que votaron en favor del fallo del juez de Nueva York, Thomás Griesa. Tal como se leía en una de las pancartas "La soberanía económica y política vivió una de las peores jornadas de la historia argentina". Era necesario para el gobierno de Macri, pagar a los nefastos fondos buitres, para posteriormente endeudarse por 12.500 millones de dólares y de esta manera conseguir nuevos préstamos, a costa de una supuesta "entrada al mundo de los negocios".

 El ingreso de capitales foráneos más la facilidades otorgadas a los grupos más concentrados de la economía contrastan con el 500% de aumento a la población en las tarifas eléctricas así como también la rápida extinción de las pequeñas y medianas empresas, las cuales van perdiendo en una desigual competencia ante los monopolios extranjeros y nacionales y por consiguiente se debaten constantemente ante  el despido de su personal y/o el cierre definitivo de sus empresas. Si a esto le agregamos el masivo despido de más de 100.000 empleados públicos, es obvio que estamos ante una película de terror denominada neoliberalismo, que el gobierno de Macri oculta a través de la mentira, de sus discursos vacuos y carentes de contenido político, pero sobre todo a raíz de una brutal censura de medios opositores, mientras que aquellos que lo blindaron de antemano, los llamados medios hegemónicos , continuan tergiversando y denigrando la función periodistica,  de manera constante y avasalladora, apuntando a crear nuevos enemigos en el llamado populismo, desviar la atención de la realidad, con archivos que reflotan las llamadas a indagatoria de los funcionarios del ex  gobierno kirchnerista, sumado a una amenaza exterior identificada con el narcotráfico y los movimientos antisistema. De esa manera ejecutaron verdaderas aberraciones contra la libertad de expresión, cerrando todas las voces opositoras, incluso buscando burdas excusas para allanar canales de TV , como ocurrió el día de ayer con el Canal 5 de Noticias, en el  que el periodista Rodolfo Navarro iba a demostrar el exorbitante enriquecimiento ilícito de uno de los grandes socios y amigos del actual Presidente.



En estos cien días el macrismo intentó culpar de todos los males al gobierno anterior, pero salvo los ingenuos, notorios nostálgicos de la dictadura y operadores mediáticos que blindaron y siguen omitiendo las aberraciones de la actual administración, ( caso Clarín, La Nación, Perfil y todos sus periodistas alquilados ) tenemos hechos concretos como que no ha existido una sola medida popular, ni siquiera que favorezca a las  desconcertadas clases medias. A nivel popular, la imagen del macrismo empieza a difundirse como el gobierno de los ricos, ha perdido según el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) más de diez puntos en las encuestas de preferencia de voto, y conforme pasan los días no deja de provocar grandes signos de molestia e irritación en sus propios votantes, mismos que se ven defraudados por las promesas de cambio, que más que cambio significan a corto y mediano plazo un brutal y anunciado retroceso. La insultante concentración de la riqueza en pocas manos regresa de la mano de aquellos que provocaron los lamentables sucesos de diciembre del 2001, con la misma mecánica que utilizaron los gurúes económicos de la peor dictadura militar, sucesos que a pesar de la visita del presidente de Estados Unidos en esa misma fecha - ¿ rara coincidencia ?- se conmemoran el próximo jueves 24 de marzo en su 40 aniversario.



El objetivo político del modelo neoliberal es fomentado por un revanchismo absurdo e ilegítimo, que también observamos en Brasil a través de un golpismo blando que rompe cualquier consenso emancipador. La historia nos demuestra que las fuerzas reaccionarias en todo el continente han sido y son siempre más peligrosas y fuertes de lo que uno podría imaginarse. No fue esta la excepción.

El paso de un gobierno nacional y popular, que más allá de sus errores y de sonados casos de corrupción, fue tal vez el que más medidas otorgara en favor del siempre postergado pueblo argentino, incluyendo a los sectores más vulnerables y los trabajadores que siempre fueron excluidos hasta entonces, hacia este modelo neoliberal, es traumático y anticonstitucional en muchos de sus aspectos, como la supresión por Decretos Nacionales de Urgencia ( DNU) de leyes discutidas y sancionadas por el Congreso Nacional, sumado a la restricción de libertades públicas como el famoso Protocolo de Seguridad Nacional que emitiera días atrás  la controvertida ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Mientras tanto, corresponde al conjunto del pueblo,  a todos los argentinos de buena voluntad y a los mejores dirigentes del  pasado gobierno nacional, encontrar un eje que los estructure en una verdadera alternativa nacional y popular para evitar el chantaje, la extorsión y el saqueo que los gobiernos neoliberales intentan contra nuestra querida y maltratada Argentina.
                                                                                                                                                                                                     

viernes, 18 de marzo de 2016

REORGANIZAR EL CAMPO POPULAR. PRIMEROS PASOS

Por José Miguel Candia / Ciudad de México, marzo de 2016

A cien días de gobierno el presidente Mauricio  Macri se mueve en una realidad bipolar. Disfruta los halagos y las buenas maneras de los grandes centros financieros internacionales, y se adorna con los reconocimientos de algunos mandatarios como el italiano Matteo Renzi, el francés Francois Hollande y el norteamericano Barack Obama. Tal vez la única excepción haya sido el talante serio y de pocos amigos que le mostró el Papa Francisco en escasos 22 minutos de entrevista.

Sin embargo, su gobierno no termina de poner la casa en orden. Arrancó con una inusual virulencia “anti-k”, a contrapelo del discurso conciliador y cargado de palabras dulces que utilizó durante la campaña. El “sí se puede” – la consigna de aparente “neutralidad política” que fue dominante en los actos proselitistas - adquirió pleno sentido  al asumir el cargo. Se trata, en realidad,  de una profunda reformulación del programa económico y de emprender una decidida desarticulación del aparato institucional y cultural heredado de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Ante este panorama ¿habrá un oculto arrepentimiento en quienes lo votaron solo para desplazar de la escena a la figura  de Cristina como referente popular? Aun no lo sabemos, pero no tardaremos en conocer la respuesta.

Las medidas iniciales de la administración “macrista” sirvieron para colocar las cosas en su lugar. El ajuste en las tarifas de los servicios públicos, la cesantía de casi 100 mil empleados municipales y federales, la desaparición de algunos organismos estales, la censura al periodismo crítico, las reformas a las leyes de seguridad social (en septiembre próximo se termina la prórroga para los trabajadores que sin cotizar podían tramitar su jubilación) abrieron el juego y pusieron la agenda gubernamental en blanco y negro. La negociación con los tenedores de bonos de la deuda pública – los fondos buitre – es un paso más dentro de una estrategia destinada a ganar la confianza del gran capital financiero internacional. Ante las demandas externas, Macri no duda en solicitar al Congreso, la derogación de leyes “candado” establecidas por el gobierno de Cristina, la llamada ley Cerrojo y la conocida como Pago Soberano.

Sobre las cesantías el ministro de Finanzas, Alfonso Prat-Gray, fue cruelmente  preciso al explicar los motivos de esa decisión: se trata de “quitar la grasa”, declaró ante los medios, cuando le preguntaron por los trabajadores despedidos. Y es precisamente esa “grasa” la que le está provocando los primeros dolores de cabeza al gobierno.
Hay que señalarlo, el campo popular no termina de digerir la derrota electoral de noviembre de 2015. Las respuestas más firmes han sido de carácter sectorial y provienen, hasta el momento,  de los grupos más afectados por las disposiciones del gobierno, en su mayoría empleados en distintos niveles del sector público, trabajadores municipales, provinciales y federales. También reclaman y salen a la calle los docentes de nivel primario.  En menor medida, han ofrecido resistencia los contratados  por empresas privadas, el caso de la productora avícola Cresta Roja fue el más sonado.

Las expresiones formales del movimiento obrero resultan patéticas. Como en pocas coyunturas hay cinco centrales sindicales, tres de ellas se identifican con la sigla histórica CGT (Confederación General del Trabajo) y se distinguen por el nombre de quien está al frente de la misma. De esta forma, se habla de la CGT de Hugo Moyano, de Luis Barrionuevo o de Antonio Caló. Los otros dos agrupamientos obreros también usan el mismo rótulo: Central de Trabajadores Argentinos (CTA) una dirigida por Hugo Yasky y otra por Pablo Micheli.

El sector que dirige el camionero Moyano pasó del apoyo al frente Cambiemos durante la campaña electoral a cierto fastidio, moderadamente opositor, al conocerse los topes que el gobierno quiere imponer a   las paritarias que inician en marzo. Luis Barrionuevo es una de las expresiones sindicales de peores antecedentes, surgidas al amparo de la corrupción y los favores del expresidente Carlos Menem. En cuanto al agrupamiento que orienta el metalúrgico Antonio Caló se lo ve vacilar entre la defensa de los postulados que sostuvo Cristina Kirchner y el interés por ajustar sus reclamos a los lineamientos del nuevo gobierno.
Las dos CTA, anteriormente enfrentadas por su relación con el kirchnerismo – Yasky cercano y Micheli opositor – ahora sostienen un perfil beligerante más definido. Aunque se trata de centrales que nuclean principalmente a trabajadores de los servicios – administrativos, docentes, personal del sector salud y labores de mantenimiento y vigilancia, entre otros – muestran buen musculo a la hora de encabezar huelgas y marchas callejeras.

El amplio y heterogéneo espacio que forman las agrupaciones territoriales – piqueteros; organismos barriales y asociaciones cooperativas -  ofrece también un panorama de indefiniciones y ausencia de respuestas. Algunas de ellas, acostumbradas por los doce años de entendimiento y buena relación con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, parecen desorientadas frente a la gestión de Cambiemos y solo atinan a refugiarse en la defensa, un tanto inorgánica y difusa, de las conquistas alcanzadas bajo los gobiernos kirchneristas. Pronto se verá que no alcanza con replegarse y que se requiere recuperar la iniciativa junto a otros sectores del mundo del trabajo.

Contener la ofensiva anti-popular del programa neoliberal del régimen macrista demanda que todos los sectores opuestos a la entrega del patrimonio público y enfrentados a la falsa disyuntiva de canjear “salarios por empleo”, según palabras del ministro Prat-Gay, emprendan una acción de unidad en la lucha. Para lograr la confluencia en la acción, debe discutirse un acuerdo macro sobre la base de una propuesta de defensa de los intereses de los trabajadores y de los sectores del empresariado vinculados al mercado interno y ligados a la consolidación de los acuerdos económicos y políticos regionales.


De manera gradual el campo popular podrá pasar del reclamo y defensa de los intereses económicos inmediatos a un cuestionamiento más profundo de las políticas del gobierno conservador. Será el momento entonces, de rearticular las bases sociales sobre las cuales se levantó la alianza que hizo posible conformar el Frente para la Victoria.

jueves, 10 de marzo de 2016

ARGENTINA: LA AUTOCRÍTICA TAN TEMIDA

Por Carlos Prigollini / Ciudad de México, marzo 2016


Después de casi tres meses en el gobierno, la Alianza Cambiemos, significó un verdadero retroceso para la República Argentina. Presentíamos que los cambios típicos de un gobierno neoliberal podían llegar a terminar gradualmente con muchos derechos logrados durante los doce años de gobierno nacional y popular. Lo que no sabíamos era que fueran de una manera brutal y abrupta, como liquidar rapidamente todos esos logros, para regresar a los años 90s o al clásico modelo impuesto durante la dictadura militar a sangre y fuego.

Lamentablemente nos encontramos con un presente sombrío dónde prevalece la sabiduría superior del mercado, el cierre de pequeñas y medianas empresas que no pueden competir ante la  entrada de productos importados, una próxima y masiva desocupación que aumenta el desempleo que el anterior gobierno supo disminuir a menos del 5% de la población,  sumado a la competencia como único método capaz de coordinar la conducta de la gente, permitiendo como lo establecen sus Ceos o gurúes económicos (los mismos economistas que incendiaron el país en el 2001), establecer las reglas generales del actual gobierno. La consigna es aumentar la desigualdad, un megacanje que transfiere a los corporativos grandes cantidades de dinero que le sacan a los trabajadores, llegar a un alto índice de pobreza y para endeudar rapidamente al país, pagar la deuda a los usureros fondos buitres, desmantelando las leyes del pago soberano y el cerrojo que el gobierno pasado impuso en el mismo Congreso.

Acompañados por la quita de retenciones a los grandes grupos exportadores, como también favorecer la minería a cielo abierto, el macrismo no tuvo reparo alguno en el despido de 75.000 empleados o "ñoquis", como despectivamente llaman a los empleados estatales,  y de esta manera estar preparados para la represión de aquellos que protesten tan arbitrarias medidas a través del llamado protocolo de seguridad pública que supo imponer la ministra de seguridad pública, la conversa Patricia Bullrich. 

Si se agrega a este verdadero desastre económico la censura de los periodistas llamados "militantes" y los programas de opinión excluidos por la provocada ausencia de la llamada pauta publicitaria, es obvio que estamos en un panorama desolador ante la clara falta de libertad de expresión que estaba regulada anteriormente por la clausurada AFSCA, en un claro afán de proteger y blindar al multimedios Clarín y los medios afines al nuevo gobierno de derecha. La ofensiva mediática, el ataque a los trabajadores y los cercos impuestos a  la protesta social son acompañados por jueces afines al gobierno que no cesan en investigar todos los casos que puedan llevar a juicios políticos a ex funcionarios, incluída la ex presidenta Cristina Fernández.

A diferencia de Carlos Menem, quién provenía de la antigua clase política, presidente durante la era privatizadora de los años 90, Mauricio Macri es hijo del modelo neoliberal y por lo tanto su argumento principal es el despojo, pasando por encima de los valores democráticos. Sus referentes políticos son Donald Trump o Silvio Berlusconi. Encabeza un gobierno al cuál no le interesa la democracia y mucho menos dejar decenas de miles sin trabajo. Tampoco tienen pudor en cerrar centros culturales porque en aras de achicar el Estado y el gasto público, se van sobre los derechos adquiridos así como si es necesario dejar sin presupuesto alguno a escuelas y hospitales. Apoyados por las clases ricas, los privilegiados de siempre y también por grandes sectores de la clase media que se referencian en los más ricos, el macrismo llegó a instancias no solo de estos sectores sino también de amplias capas populares que adoptaron el modelo neoliberal y la constante prédica difamadora de los medios hegemónicos como receta hacia "un futuro mejor". Atrás quedaron los globitos de colores, las promesas de "pobreza cero", la justicia "independiente" y otras tantas falsas promesas.

Esta apabullante violencia real y también simbólica, se da en un marco, dónde la oposición nucleada en el Frente para la Victoria (FpV) brilla por su ausencia. Salvo honrosas excepciones, el ex oficialismo no demuestra las agallas exhibidas por los trabajadores del SUTEBA (sindicato de docentes), ATE (Asociación de trabajadores del Estado), Cresta Roja, o por aquellos que se manifiestan a diario en los recónditos  y diversos lugares de la República. Llama poderosamente la atención, que después de 3 meses de una lamentable e inesperada derrota no hayan ejercido un intento de autocrítica. 
¿Como explicar estos lentos reflejos de diputados y senadores que conforman un bloque mayoritario en el Congreso de la Nación?
¿No realizar un pensamiento crítico de todo lo ocurrido, llama a diluir a vastos sectores que se creyeron sujetos de la historia y hoy pueden creer que fueron solo objetos de la misma?
¿No es tiempo de analizar y criticar el verticalismo de los movimientos progresistas, para reestructurar los mismos a través de una democracia horizontal y fomentar de esta manera la tan postergada formación de cuadros políticos?
Mas allá del dispendio y la arrogancia de muchos funcionarios públicos, en ningún momento se acompañó el otorgamiento de derechos sociales adquiridos con la inevitable concientización ideológica que los mismos beneficiarios deberían haber recibido?
Acaso tanta tibieza de los representantes de la oposición solo pretende llevar agua para sus molinos, en lugar de criticar con firmeza el comienzo del saqueo que este gobierno está demostrando?

Desgraciadamente, muchas de estas preguntas, no encuentran respuesta adecuada por la ausencia u omisión de un pensamiento crítico que acompañe a las luchas populares.
El acoso mediático y judicial que hoy sufren los líderes latinoamericanos como Lula Da Silva, Evo Morales, Maduro, Milagro Sala o Cristina Kirchner, debe ser neutralizado por la movilización de masas, y por una acción conjunta y colectiva que nos permita a futuro tener las bases y el protagonismo necesario para enfrentar el neoliberalismo colonizador que ofende la vida y  dignidad de las grandes mayorías.


miércoles, 9 de marzo de 2016

PRESIDENTE MACRI: NUEVAS COORDENADAS PARA UN GOBIERNO CONSERVADOR

Por José Miguel Candia / Ciudad de México, marzo de 2016

Se necesitaron horas para que la sociedad argentina y millones de sus votantes, descubrieran que las promesas que formuló durante su campaña el ingeniero Mauricio Macri - cerrar heridas, subsanar agravios y abrazarnos como una comunidad de iguales – eran más frágiles que los globos color amarillo que soltaban al aire sus simpatizantes, al grito de “sí se puede”,  en actos públicos que recordaban las reuniones cinematográficas del Partido Republicano en Estados Unidos. Alcanza con revisar un video. Ropa casual en el candidato y en el público asistente, música y baile y sobre todo besos, abrazos y mucho aire de familia en un auditorio que procuraba distanciarse del tufo plebeyo de los encuentros kirchneristas.

Pero todo resultó un espejismo. En vísperas de cumplir sus primeros 100 días de gobierno – asumió el cargo el pasado 10 de diciembre de 2015 – la gestión de Macri superó los peores cálculos que podían hacerse sobre un equipo que según el perfil de sus integrantes, vinculados a grandes corporativos nacionales y extranjeros, centraría su labor en fomentar las inversiones y poner en orden  algunas variables macro-económicas un tanto disparadas de los controles hacendarios, de manera particular, la paridad peso-dólar, las tarifas de los servicios públicos y la tasa de inflación.

A tres meses de gobierno, la realidad es cruelmente distinta. Casi 100 mil empleados públicos despedidos, buena parte de la prensa crítica de radio y televisión silenciada, desplazamiento de analistas políticos de incuestionable calidad profesional como Víctor Hugo Morales, el encarcelamiento de líderes populares como Milagro Sala y el desprecio por los centros culturales y dependencias gubernamentales que fueron diseñadas con propósitos sociales, y que ahora se ven desmanteladas o reducidas a escritorios vacíos. Lo que se menciona, es el inicio de una vasta tarea orientada a desarticular el aparato institucional que con esfuerzo y decidida voluntad política, se levantó durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Servil con los dictados del Departamento de Estado y con la derecha europea, Macri quiso dar cátedra al abandonar los postulados latinoamericanistas y encabezar  la ofensiva internacional contra los gobiernos populares de la región – de manera señalada le apuntó al régimen del presidente Nicolás Maduro – además de mostrarse complaciente con los organismos internacionales de crédito y con los acreedores del Estado argentino en la reunión de Davos. Tal vez la canciller Susana Malcorra no le explicó a este producto emergente de los medios conservadores, que la política internacional tiene sus reglas y que no alcanza con mostrar actitudes complacientes frente a gobiernos poderosos y ante los dueños del capital.

El acuerdo con los llamados fondos “buitre” resulta otro bochorno para la política internacional argentina, además de ser una evidencia abrumadora de la aplicación de un pragmatismo sin principios ante los tenedores de bonos. La nueva instancia de negociación abierta por ese extraño esperpento que representa el juez norteamericano Thomas Griesa, está sujeta a la derogación de los candados jurídicos que se establecieron durante los gobiernos de Cristina Kirchner: las leyes conocidas como Cerrojo y Pago Soberano. Menuda y humillante tarea la que le toca al Congreso en los próximos días.


En un esfuerzo desesperado por “reinsertar” a la Argentina en el mundo – según su propia definición – Macri se ha entrevistado con el primer ministro italiano Matteo Renzi, con el presidente francés Francois Hollande, con el Papa Francisco y los próximos días 23 y 24 de marzo – doloroso aniversario del golpe de Estado de 1976 – con el mandatario Barack Obama de los Estados Unidos. No sabemos aún qué obtenga de la visita del presidente Obama, pero los escasos y protocolarios 22 minutos que le dedicó el Papa en su visita al Vaticano son otra evidencia de que no es suficiente arrodillarse ante los poderes fácticos para obtener favores y tratos preferenciales. Su jefe de campaña y asesor de imagen, Jaime Duran Barba, tendrá que decirle al oído que una actitud digna y bien sustentada deja mejores dividendos que el entorno de frivolidad y vacío de ideas que constituyen su gabinete de gerentes y prestanombres de los grandes intereses corporativos.

domingo, 6 de marzo de 2016

40 AÑOS DESPUÉS...

A LOS JÓVENES MILITANTES, NUESTROS HIJOS Y NIETOS, EN CUYAS MANOS ESTÁ EL PRESENTE Y EL FUTURO.


Por Néstor Medina / Cuernavaca - México, Marzo de 2016.

Al cumplirse el cuadragésimo aniversario del último golpe militar en Argentina, resurgen recuerdos de este testigo superviviente y exiliado -sin auto victimización- que anota para nunca olvidar qué y cómo sucedió. Nunca olvidar.

Algunas cosas que diré, seguramente son conocidas por estar ampliamente documentadas. En consecuencia, trataré de ir directo a lo medular de lo ocurrido a partir del 24 de marzo 1976 y hasta 1983, año en que, oficialmente, caducó la devastación castrense. En el lapso mencionado hubo más de 30.000 desaparecidos previamente torturados y luego asesinados. Debemos agregar otros cientos que eran presos políticos “legales” y fueron, también, martirizados y fusilados. Sin omitir, faltaba más, a los valientes que cayeron en combate, abonando con su sangre el suelo patrio. Los restos de esos Compañeros, como sucedió con los del Che Guevara en Vallegrande, Bolivia, siguen siendo recuperados de las fosas clandestinas de mi tierra, por los tenaces perseguidores de la verdad, la justicia y el amor al Progreso.

No teníamos duda de que el inquietante ruido era -no había precedente desde nuestra llegada a la cárcel en febrero del 75- el de un helicóptero pesado que se aproximaba con la poderosa tos de un dios, que se repetía locamente y se sumaba al silbido agudo de sus aspas. El 23 de marzo de 1976, aun estábamos de a uno por celda pero, al alba del 24, en un procedimiento relámpago y de inusitada violencia (éramos unos 45 “políticos”) nos agruparon de a seis por celda -con espacio para dos- en la planta alta del pabellón.

Cuando la nave aterrizó por primera vez en el campo de deportes de la cárcel “modelo” de Villa las Rosas de la capital salteña, el atronador ruido y el polvo que lo invadieron todo, intimidaron hasta al más valiente del apretado grupo que yo integraba. Sobre todo por no entender qué estaba pasando y mucho menos porqué. El asunto era “sencillo”, según nos explicó el director después del tercer y último aterrizaje, ese 24 en la tarde: “Las Fuerzas Armadas (él era sargento retirado) han tomado el poder. No tienen que preocuparse; todo está controlado. Yo espero ordenes de mis superiores.” ¡Nada más! Y nada menos. Por los informes clandestinos que nos llegaban de las “orgas” desde varios meses atrás, el golpe era inminente, pero no sabíamos cómo ni cuándo se daría. Ni qué sucedería después… Muy pocos, como Úsinger y Georgina, esos cuadros joya, no tenían miedo.

A partir del 25, comida racionada de mala calidad, suspensión de atención médica, hostigamiento psicológico, violentas y frecuentes requisas, aislamiento de a uno en calabozos estrechos y oscuros, incomunicación total interna y externa para tortura de nuestras familias, etc. Poco después, en julio, fusilamientos de compañeros sin distinción de sexos. Con todo y por algún milagro, poco que ver con el horror de La Perla en Córdoba o la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) en Bs. As.

A más tardar el 26 de marzo de ese 76, por las noticias que nos pasaban algunos celadores simpatizantes (dos o tres), ya sabíamos que las celdas de planta baja estaban llenas de peronistas de todo pelaje -del centro a la derecha- que habían llegado en el helicóptero. La mayoría sindicalistas. Un par de meses después los soltaron a todos, no sin antes una advertencia que escuchamos claramente: “La bronca grosa no es con ustedes, señores, pero a partir de ahora se acabó la joda. Se terminaron las huelgas, las marchas, el choreo a cuatro manos y los reclamos de aumentos. Piensen, antes de dejar huérfanos y viudas… ¡¿entendido?!”, les gritó un milico. Como respuesta un murmullo. Seguramente el terror sofocaba las voces.

La última dictadura nos legó un país económicamente quebrantado. Un solo dato: en el período que hemos mencionado, la deuda externa argentina pasó, si no me fallan los números, de casi 8 mil millones de dólares en el 74 a más de 45 mil millones de dólares en el 83, incrementándose en 465%… Sabemos que gran parte de tal fabulosa cantidad terminó en las bolsas de los chacales uniformados y sus socios como botín de guerra, por “servicios prestados a la Patria”, a la que traicionaron. Una de las tantas formas del saqueo al patrimonio público, consistió en el autoincremento sideral y vergonzoso de salarios y préstamos personales, con la justificación de que la profesión militar era de alto riesgo. Por varios años nos robaron la esperanza, el decoro y la libertad; en no pocos casos, también las ganas de vivir dentro y fuera de Argentina.

En aquel tiempo de plomo, posterior a la muerte de Perón, las fuerzas armadas, incluyendo a las policías y la Gendarmería, soltaron sus rottweiler de dos patas bien adiestrados para morder, desgarrar y asesinar. Las cárceles se convirtieron en campos de concentración saturados de militantes de todas las organizaciones políticas progresistas y de ladrones de gallinas, estos últimos, víctimas del desmadre neoliberal que disparó el índice de pobreza e indigencia a cifras sin precedentes. Gran responsable de esa tragedia: José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía e ideólogo de la dictadura.

El patrimonio de decenas de miles (inmuebles, muebles y un largo etcétera), también fue considerado botín de guerra, junto a los bebés que les arrancaron ferozmente del vientre a las compañeras, en los centros clandestinos de detención, después de torturarlas y finalmente asesinarlas. Y Dios (el de ellos), ciego, sordo y mudo…

Aquel avieso y corrupto régimen diezmó a la flor de la juventud que, aun cometiendo errores, luchó por el ideal de un país y un mundo mejor. No hay que olvidar tampoco que los sátrapas de todas las armas tuvieron cómplices y patrocinadores. Entre los más siniestros: Henry  Kissinger, La Sociedad Rural, Los diarios Clarín y La Nación y algunos prominentes miembros de la Iglesia Católica, como el Nuncio Apostólico Monseñor Tortolo, quien nos visitaba en la cárcel de La Plata para decirnos que Videla era “oro en polvo” cuando, ingenuamente, le hablábamos de las torturas a que nos sometían.

Otros cómplices, fueron personajes de la clase política. Se sumó a estos el ala fascista del peronismo en que se sustentaron las “AAA” (Alianza Anticomunista Argentina). Colaboraron con la dictadura, además, funcionarios del Poder Judicial, asociaciones profesionales -algunas de abogados y empresarios- (son emblemáticos los casos de Ford y Mercedes Benz) y las embajadas de los imperios que se repartieron el mundo durante la “Guerra Fría”. El FMI, el BID y el BM fueron los banqueros del “Proceso”, y otros regímenes vecinos se coordinaron con nuestros verdugos para el armado del Plan Cóndor. También apoyó a la dictadura la Sociedad Interamericana de Prensa. ¡Formidable alianza fascista!

Durante el mundial de fútbol de 1978, la presión internacional contra el Estado criminal se intensificó significativamente. Entonces, los milicos -como les decimos a nuestros soldados profesionales afectuosamente- sacaron de la gorra aquello de “somos derechos y humanos”. En realidad, sólo eran mercenarios disfrazados de celosos defensores de la Patria y la Democracia. Como vemos, no carecían los monstruos de cierta dosis de humor negro, atroz  cinismo y  cierta creatividad para lo perverso.

Sobre el tema del Mundial de fútbol en plena tiranía, va una  anécdota para amenizar: Cierta gélida jornada de junio de ese 78, ya en fase de eliminatorias, la Selección Argentina jugaba contra... ya no me acuerdo. Yo estaba confortablemente instalado sobre una especie de colchón rebosante de chinches sobre el piso helado y húmedo de mi cueva en la tenebrosa cárcel de Sierra Chica -al sur de Buenos Aires-, domicilio compartido con “Patatín” Guevara de la Serna, hermano menor del Che, el “Chango” Tumini, el millonario judío Lockman (un delincuente común al que tenían secuestrado pidiendo rescate a su familia) y un dirigente nacional del PC “chino” entre otros, y en un pabellón especial, algunos peronistas de derecha privilegiados con visitas, deportes, televisión y otros primores. Una melange surrealista.

Al declinar esa tarde de fut, sorpresivamente, se filtró por nuestra ventana que daba a un patio exterior, la transmisión por altoparlante del mencionado partido. ¡No podíamos creerlo! ¿Se venía la mano blanda? ¿Dejaríamos de ser tratados como animales de laboratorio en esa cárcel que era un campo de exterminio? Nada de eso. Era parte de la sistemática y sofisticada tortura psicológica. Los sádicos milicos dejaban el sonido unos segundos y lo cortaban por varios minutos. No supimos el resultado del juego sino hasta el día siguiente pero sí, por voz de un celador sarcástico e histérico, que nos estábamos “perdiendo el Mundial por apátridas, comunistas y asesinos”.

La mayoría éramos conscientes de que usaban el evento deportivo con fines de propaganda, como en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 lo hizo Hitler y, Mussolini en el Mundial del 34. Pero el pequeño fanático del excelso deporte del balompié, que todo auténtico gaucho lleva en el corazón, nos creaba una contradicción irresoluble (como más tarde, ya en el exilio, nos pasó a algunos con Malvinas). Cuando nos enteramos de que Argentina había ganado la Copa, algunos compañeros lo festejaron a gritos… en concierto con nuestros verdugos.

En aquel magno evento deportivo, estuvo como invitado especial el necrófilo Kissinger, quien declaró a la prensa en Buenos Aires: “Este país tiene un gran futuro a todo nivel” (fue paradójicamente profético, si tenemos en cuenta los avances de estos últimos años premacristas…). Los militares aplaudieron eufóricos levantando la Copa y, Berti Vogts, capitán del equipo alemán, declaró a pregunta expresa de un periodista funcional: “Argentina es un país donde reina el orden, y no he visto a ningún preso político.” Maravilloso…

Sucedió un avatar de importancia para aquella época, acontecimiento que los dictadores y sus socios sobrevivientes lamentan hasta el día de hoy; un caso singular que no volvería a repetirse y salvó muchas vidas: la asunción, en enero de 1977, de “Jimmy” Carter Jr. como presidente de EU. Carter -para mi gusto- es un rara avis que reniega (al menos públicamente) del autoritarismo y desea figurar en la Historia como Campeón de los Derechos Humanos. Apenas comenzado su mandato, asumió una actitud muy crítica contra sus predecesores en la Casa Blanca y tildó de inmoralidad gubernamental la intervención de su país en apoyo de las dictaduras militares del mundo… Muy probablemente a él y a la Cruz Roja Internacional más que a otros, les debemos que hoy podamos contar esta breve historia.

Aquellos compañeros que “se nos adelantaron”, como dicen ciertos poetas, y hoy yacen bajo la piel inquieta de la tierra o el mar, sólo están descarnados, pero más vivos que nunca en nuestras mentes y corazones. Por ellos seguiremos militando hasta nuestro último segundo, aunque sea anotando recuerdos, pareceres y denuncias

Desde 1983, tímida y torpe, comenzó a asomar nuevamente la democracia, por llamar de algún modo a ese régimen que con Alfonsín retomó el Gobierno mas no el poder, lamentablemente. Hoy, como un suceso histórico sin precedente en los últimos dos siglos, llevamos más de 33 años sin golpes militares. Treinta y tres años de putearnos unos contra otros, por usos y costumbres, pero con predominio de una paz cívica ejemplar en Latinoamérica. Por primera vez en Argentina, un civil tiene más poder que un militar. Por primera vez el estado y la sociedad civil pueden enjuiciar, condenar y encarcelar por delitos de lesa humanidad u otros, a un militar. Y no conozco otra nación de nuestro continente en el que ese fenómeno tenga tal magnitud.

Hay un nuevo Espíritu sobrevolando los Andes. Es fruto de la entusiasta acción política organizada. Igual que en los sesenta y setenta, resurge aquel fervor no exento de mística con una novedad: los jóvenes de hoy, por su compromiso -como destacó Cristina Fernández en un memorable discurso con palabras más felices- no arriesgan ya la libertad y la vida por expresar sus ideas. Tristemente, en estos días, eso no está garantizado, lo que nos convoca a redoblar la lucha por la Justicia

Voy cerrando con palabras del poeta jujeño Héctor Tizón: Este será, al menos en mis apuntes, el testimonio balbuciente de mi exilio; […] el testimonio de alguien que anota y sabe que un pequeño papel escrito, una palabra, malogra el sueño del verdugo. Y de los reaccionarios, querido hermano Tizón.