domingo, 24 de enero de 2016

SU MACRISTAD

Por Néstor S. Medina / Cuernavaca, México.  Enero 2016.

Ha llegado a mis oídos, Señor de los Cuatro Vientos argentinos, que vuestro glorioso poder es grande y, por tal, gobernáis como rey implacable decretando, con urgencia injustificable, los nuevos mandamientos que deberán regular el comportamiento de vuestros súbditos, excluyendo a los dioses que os crearon a su imagen y semejanza: Magneto, Grobocopatel, Rocca, Mamet, Lagarde y otros de segundo orden.

Oh, Macristad, Señor de los Cuatro Vientos, esta epístola es inevitablemente irreverente.  Mas ruego que la consideréis como el mensaje de un vasallo preocupado por el presente y el futuro de vuestro reino que, por fatalidad, es la Patria de la que soy exiliado desde hace muchos lustros, por varios de los que hoy os propician y mañana, muy probablemente, conspiren contra vos.

Lleváis poco más de un mes en el dorado solio del Rosado Palacio y, según dicen los que no os quieren (más de los que suponéis), habéis cometido muchos desatinos, frutos de vuestra inexperiencia y megalomanía; por no mencionar vuestra torpeza de exCEO xeneixe. ¡Os lo advirtieron!: una corona no es para expertos en negocios; un país no es un Mercado.

Imagino que me preguntaríais qué estáis haciendo mal… A riesgo de desencadenar vuestra sagrada furia y ordenéis que me acribillen con balas de goma (si tengo suerte), os lo diré por haceros un favor y por si os dignáis a rectificar estando aun a tiempo, y si lo permiten vuestros dioses.
-Habéis engañado a vuestro pueblo prometiéndole paz, amor y concordia, cuando en realidad promovéis lo opuesto.

-Criminalizáis a la juventud militante que os censura (mientras que la que os aclamaba mutó a ciega, sorda y muda).

-Dejáis sin trabajo a decenas de miles, porque no os simpatizan, sumiendo en la incertidumbre y la desesperanza a sus familias. ¿No prometisteis ante el honorable Congreso y el pueblo llegar al “hambre cero”?

-En la administración de la hacienda del reino, improvisáis y dais palos de ciego, buscando riquezas hasta debajo de las piedras del FMI, indiferente al ominoso sobrevuelo de los Buitres que rondan, audaces e implacables, cada día más cerca de vuestra sagrada corona sin que os inmutéis.

-Atentáis contra la libertad de expresión para favorecer a los Escribas Concentrados que desprecian a los humildes y se mofan de su credulidad.

-Habláis de la necesidad de un cambio, pero este comenzó hace más de 12 años y no os enterasteis, pretendiendo ahora cambiar el Cambio… ¿Estáis en vuestras cabales? ¿Es parte del “cambio” favorecer con una fortuna al príncipe de la Capital de vuestro reino, sólo porque es vuestro incondicional delfín? Por ello, ya se dice que sois un faraón unitario…

-Si bien no sois culpable de haber subido al trono, pecaríais de ingenuo si creyeras que sucedió por vuestros méritos. Más de la mitad del pueblo, hoy, os repudia como a aquel insensato y necio Akhenatón egipcio, ese pobre enajenado al que, 1400 años antes de Cristo, se le ocurrió inventar el monoteísmo (y así le fue); un traumático Cambio logró…

-Por vuestra sed de venganza, hoy los medios públicos (que subsisten) regresan a la tontería y las voces que aman la verdad son acalladas. ¡Y las Madres de Plaza de Mayo son agraviadas y atacadas físicamente! Mis ojos se enturbian y mis vestiduras se desgarran.

-Un sabio ex soberano de otro reino del Plata me susurró hace poco, Señor de los Cuatro Vientos: “Vuestra Macristad es de mentalidad antigua, soberbio y obediente a nefastos dioses que no le han firmado una tablilla en blanco, ni dentro ni fuera de su reino. Por ello estimo que su tiempo podría finir antes de lo estipulado por las Sagradas Leyes Neoliberales. Ojalá, lo que deba suceder no reclame cuota de sangre.”

-Debería preocuparos, Señor, que los simpatizantes de vuestra antecesora, la reina Kristina, llenen las explanadas -cada vez con más frecuencia y en mayor número- y rindan culto a su imagen. ¿Dónde está vuestra gente, oh, Señor?

-Volvéis a hundir vuestro reino en el cieno de la “Deuda Eterna” sin rubor, por consejo de tus dioses. ¿Estáis acaso loco, sabiendo que deberán pagarla vuestros descendientes (y los nuestros)? Debo suponer que vuestra alta posición os permitirá ahorrar para que vuestros hijos y nietos no carguen con esa cruz.

-No os percatasteis de que la cúpula de la Guardia Real Citadina, que vos creasteis, estaba coludida con las mafias y que vos mismo estáis acusado de delincuente…

-Y por si lo anterior fuera poco, Macristad, estáis sembrando la discordia entre otros reinos que antes nos eran propicios y contaban con nuestra solidaridad.

No sabemos si reír o llorar, oh, Señor de los Vientos, ante la evidencia de que, con sinigual candidez, quisisteis seducir al príncipe Cámeron de Malvinas, con vuestra cautivadora sonrisa de Joker.

No ocultamos la admiración que nos provoca vuestro aristocrático origen, del cual emana vuestro buen gusto para elegir a la mujer que desposasteis: la reina aguada. Rezamos por su felicidad y pronto regreso a su hogar (junto a vos, claro).
Macristad, el enemigo (vuestro enemigo) se está organizando para evitar una nueva era de decadencia, infortunio y retroceso a tiempos nefastos. Ese declive, fruto de vuestra obsesión demoledora, quedó de manifiesto cuando sacrílegamente bailasteis en el Balcón Sagrado del Rosado Palacio. El pueblo (mi pueblo) nunca os perdonará esa burla, como la de sentar en el mayestático sillón de Rivadavia a vuestro can Valcarce (algunos descastados murmuran que gobernaría mejor que vos…). ¿El audaz mensaje es que cualquier perro puede ocupar tan alta dignidad? Oh, Señor, qué extraviado vais.

Para poco más de un mes es bastante (por sus obras los conoceréis) ¿o no, Señor? Me resta exhortarte a que reflexionéis y reculéis antes de que la Furia de los no convidados a tus banquetes, millones, clamen Justicia frente a vuestra Casa y os obliguen a abordar de Urgencia tu celestial helicóptero.

                                                                   

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