viernes, 5 de junio de 2015

FIFA: LA MISMA CORRUPCIÓN, LOS MISMOS PERSONAJES.


Por Carlos Prigollini
La corrupción es inherente al sistema neoliberal. No transcurre un solo día en que las noticias no hagan epicentro en este cáncer que nos toca vivir especialmente en nuestra maltratada América, como tampoco escapan a ella los países de otros continentes.
Hemos derramado ríos de tinta señalando que los mismos empresarios que participan de este desastre son generalmente los directivos más importantes de los clubes de fútbol. Obviamente la poderosa FIFA no escapa a estas garras, ya que sus millonarios dirigentes componen el mayor corporativo mundial con sede en Suiza. 
Sucede que si han privatizado todo o casi todo, apartando al Estado de la protección de los más débiles, sobre todo en rubros de supervivencia como educación, salud y vivienda, como no van a privatizar también el fútbol que cayó en manos de gente que no tiene idea ni sensibilidad alguna para manejar el noble deporte?
Así las cosas la FIFA queda en manos de empresarios voraces, que lejos de ver el viejo y querido fútbol como un deporte, un juego que aliente la solidaridad entre sus integrantes, una contención social para la juventud, de manera rapaz y oportunista se valen de la pasión de multitudes para alimentar sus inconfesables y espúreos arreglos. Léase amañamiento de partidos, compras de sedes, presiones arbitrales, lavado de dinero, licitaciones obscuras en favor de monopolios televisivos, sumado al manejo de impresionantes cantidades de dinero que lastiman el honor y la decencia de cualquier ciudadano común. Si bien, los continuos llamados de atención para que FIFA fuera más transparente, quedaron en promesas, Blatter nunca cumplió con estos requisitos, así como tampoco rindieron cuentas las diferentes áreas subordinadas al máximo organismo.
Mas allá de las acertadas críticas de ex futbolistas como Maradona, Figo, Platini o Romario, la FIFA desde hace muchísimos años viene pidiendo a gritos un urgente cambio de hombres y estructuras. Desde los tiempos de Joao Havelange, Julio Grondona y mucho más en la actualidad con el eterno Sepp Blatter, la mayor de las transnacionales que mantiene a más de 500 millones de personas, debería tener como precepto fundamental la limpieza, ética y moral de sus directivos. Contrariamente a lo mencionado, las últimas cuatro décadas se fueron en medio de escándalos de sobornos, guerras internas y negocios turbios que dejaron al fútbol en el peor de los escenarios, sobre todo de aquellos que de manera  oportunista creen que el juego es una manera de estupidizar a las masas. 
El largo reinado del suizo,-que ayer fuera reelecto en extrañas y complejas elecciones- como el anterior de su par brasilero hicieron un tremendo daño al más popular de los deportes. Esta semana, en medio de la peor de las tormentas, con ocho dirigentes de FIFA en el banquillo de los acusados,(algunos de ellos conocidos como represores y cómplices de asesinos y torturadores de pasadas dictaduras militares,hoy enemigo declarado de la presidenta Dilma Rouseff, tal es el caso del ex presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, José María Marín )tres dirigentes de la misma entidad prófugos,(entre ellos el CEO de Torneos y Competencias, el argentino Alejandro Burzaco, ligado al PRO del derechista Mauricio Macri, empresa y partido político socios del oligopolio Clarín, quién a su vez es opositor permanente del gobierno popular que encabeza Cristina Kirchner) sumado a una sorpresiva irrupción del FBI en un lujosísimo hotel de Zurich  para resolver el tema del lavado de dinero en bancos de Estados Unidos, ha consumado un acto de justicia de una organización mafiosa que tuvo su esplendor durante casi medio siglo para delinquir con total impunidad en casi todos los países miembros de este organismo.
Tal como señalara el ex futbolista balón de oro, el portugués Luis Figo tras la relección de Blatter: "Hoy la FIFA ha perdido, pero por encima de todo, el fútbol ha perdido y todos los que creen en él".                                                                                                                                                                                                                                                                        México, D.F., 30 de mayo 2105.