miércoles, 28 de mayo de 2014

25 DE MAYO; RATIFICACIONES Y PERSPECTIVAS



Por José Miguel Candia
Los festejos por el 204 aniversario de la Revolución de Mayo, mostraron al gobierno de la Presidente Cristina Kirchner en el centro del espacio político nacional. El discurso de la mandataria pivoteó sobre la ratificación de tres aspectos políticos sustantivos. En primer lugar, la Jefa del Estado fue la oradora única en un acto multitudinario en la Plaza de Mayo, gesto claro de autoridad institucional y liderazgo político ante quienes se apresuraron a decretar su declive como líder natural del proceso iniciado el 25 de Mayo de 2003, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia de la república.
En segundo aspecto de su discurso – el de la unidad nacional -  es de especial relevancia política en momentos que arrecia la campaña de desprestigio contra su gobierno. La derecha política, y cierta intelectualidad formada por “conversos” de la izquierda, sigue sembrando cizaña con el argumento, archi-reiterado por el arco opositor, acerca de la “división” de los argentinos y el riesgo del posible hundimiento del ciclo democrático que inició en diciembre de 1983.
Un tercer elemento relevante de su discurso es retomar algunos de los argumentos de la Iglesia – expresados en la ceremonia religiosa celebrada el mismo día 25 por la mañana – acerca de la necesidad de promover el diálogo entre todos los sectores políticos. La Presidente Cristina tuvo respuestas para todos en un discurso que no superó los 30 minutos.
Volvamos al primer dato que señalamos, el hecho de haber ocupado el templete en calidad de oradora única y líder  indiscutida del movimiento popular, le permite recuperar el espacio que debe conservar hasta el último día de su mandato y desmentir, con su presencia, la campaña de rumores y chicanas acerca de su presunto declive político y del “extraño” abandono del espacio público. Recordemos que durante la mitad de diciembre 2013 y parte de enero de 2014, por problemas de salud, no pudo estar frente a los medios ni en eventos en las plazas ni estadios, como suele hacerlo cuando inaugura obras de interés social. Este contratiempo de carácter personal, coincidió con la oportuna decisión de abrir un mayor espacio al juego público de los integrantes del gabinete. Este dato fue casi ignorado por la prensa opositora que festinó el declive político de la figura presidencial y la posible anticipación de las elecciones presidenciales “por incapacidad y/o acefalia” de la titular del Poder Ejecutivo.
Con respecto al tema de la unidad nacional fue terminante y fijó los límites a partir de los cuales está dispuesta a negociar con la oposición. No habrá “unidad nacional” en abstracto, no se trata de impulsar consignas huecas ni acuerdos carentes de propuestas o que busquen, de manera encubierta,  el regreso a las políticas neoliberales. Los ejes sobre los cuales se apoya su programa de gobierno están fuera de todo cuestionamiento, el apoyo a las familias de bajos ingresos, a los jubilados y pensionados, la recuperación por parte del Estado del manejo de los fondos de las obras sociales, los subsidios a los jóvenes que desean concluir su ciclo escolar, los planes de vivienda y de salud, en síntesis lo que se conoce como el “programa de gobierno con desarrollo e inclusión social”, está fuera de discusión.
Y cabe señalar que la advertencia tenía dobles destinatarios: la oposición conservadora que busca en la candidatura de Sergio Massa la cara amable de una derecha moderna, estilo  Capriles en Venezuela o Zuluaga en Colombia,  y algunas de las expresiones internas del Frente para la Victoria que con rostro de “yo no fui”,  procuran tejer alianzas por debajo del agua con los grandes grupos corporativos y los medios de prensa que los representan.
El otro componente significativo de su discurso fue retomar el mensaje de la Iglesia acerca del diálogo, en momentos en los cuales el clero conservador procura sembrar discordias entre el Estado Argentino y el Vaticano. El episodio de la presunta “adulteración” del mensaje que el papa Francisco le envió a la Presidente es una evidencia grave del manejo conspirativo del arco opositor y del apoyo que ciertos poderes fácticos le ofrecen a esos sectores.

Este 25 de Mayo fue más que un festejo patrio, la Presidente Cristina recuperó un espacio político del cual la oposición creyó haberse adueñado y estableció los límites a partir de los cuales su gobierno está dispuesto a discutir un pacto de “unidad nacional”, con contenido y bases sólidas en cuanto al respeto de las políticas sostenidas desde el año 2003. Y para los amigos y aliados del Frente para la Victoria dejó una sutil advertencia, que cada quien sabrá interpretar y ponerse el saco si cree que es de su medida. También tendrán que estar dispuestos a asumir su responsabilidad histórica, si una vez alcanzada la candidatura para el 2015, los actos desmienten sus palabras.

jueves, 8 de mayo de 2014

¿QUÉ PAÍS QUEREMOS?

Néstor S. Medina

“Tengo mi propia visión del optimismo. Si no puedo cruzar una puerta, cruzaré otra o haré otra puerta. Algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que esté el presente”.
                                                                                                                              Rabindranath Tagore

Cuando este texto vea la luz, el proceso electoral que culminará con la elección de un nuevo presidente en 2015 en Argentina, probablemente esté más que tibio. Así será por todo lo que está en juego, como siempre, pero con la posibilidad de que un candidato que represente una alternancia al proyecto actual del Gobierno nacional, llegue con un nuevo o viejo modelo, con lo que ello implicaría.
Si damos un vistazo al mapa político latinoamericano, nos encontramos con un panorama sin precedentes, en lo que a cercanías ideológicas se refiere (ciertamente con matices), entre la mayoría de los gobernantes de nuestra patria grande latinoamericana. Vamos clavando banderitas desde la Antártida al río Bravo, supuesto límite de Nuestra América teniendo en cuenta que México se considera norteamericano por su asociación con EU y Canadá.
Banderitas en manos, veamos: Argentina tiene un gobierno progresista; Brasil y Uruguay están liderados por mandatarios surgidos de la guerrilla igual que El Salvador, Nicaragua y Cuba entre otros. Bolivia, Ecuador y Venezuela andan en la misma sintonía ideológica. En Paraguay y Perú el rumbo es aún incierto, aunque no de derecha. En Centroamérica hay varios países que han virado hacia propuestas similares a las anteriores. Y, en lo que concierne al proceso colombiano, está menos influido por Washington que con Uribe.