domingo, 11 de agosto de 2013

SERGIO MASSA: LA CONSTRUCCION MEDIATICA DE UNA OPCION CONSERVADORA

Por José Miguel Candia
¿Estará destinado Sergio Massa a ser el candidato que las fuerzas conservadoras necesitan para el 2015 después del fiasco que resultó Mauricio Macri? Hagamos un poco de memoria y recordemos que tal vez el único presidente que pudo afrontar el proceso de modernización del capitalismo argentino y absorber los costos sociales,  sin acudir a golpes de Estado ni fraudes electorales, fue Carlos Menem. Si pensamos en los ejes de sus dos campañas para la presidencia no podemos negarle ese mérito, el llamado “cuasi religioso” de 1989 en medio del peor desborde inflacionario desde el “rodrigazo” de 1975 – siganmé – y las formas sutiles de infundir miedo y anunciar el apocalipsis si se abandonaba la paridad “un peso- un dólar”, en la reelección que logró en 1995, fueron consignas de una indudable eficacia política. El sujeto era un personaje de sainete pero nadie podía negarle que el plan económico y los enunciados del gobierno ofrecían certezas a una sociedad que apenas se había recuperado del trauma de la dictadura y del desorden económico que dejó el gobierno de Raúl Alfonsín.
Menem – también hay que recordarlo – acudió a las formas más rústicas y llanas de la difusión de su imagen y le dio un tono de farándula a muchos de sus actos de gobierno. Pero había un historial político que le daba ventaja sobre sus rivales y un margen de maniobra del que nunca pudieron gozar los pretendidos representantes de la “derecha modernizadora”. Ni Frondizi, ni Alsogaray, ni Onganía, ni Lanusse – unos políticos en sentido estricto otros gobernantes de facto – pudieron invocar un pasado de militancia junto a las organizaciones sociales vinculadas al mayor movimiento popular de la historia argentina: el peronismo. Menem, por el contrario, era un soldado de la primera hora del Movimiento Justicialista y había gobernado tres veces su provincia bajo las banderas políticas del peronismo. Principios que no dudó en traicionar apenas asumió su primera presidencia en mayo de 1989.
Hasta aquí la historia, el problema actual para el espectro anti-k que se lame los bigotes pensando en las elecciones del 2015, es que los personajes más cercanos a lo que fue Menem en su momento resultan impresentables o no tienen gravitación propia para ganar una elección presidencial. Pensemos en políticos quemados por corruptos y marrulleros como Eduardo Duhalde, los hermanos Rodríguez Saa, Carlos Reutemann, José Manuel de la Sota o Francisco de Narváez. Por diversas razones ninguno de ellos puede hablar de frente ante la sociedad y solicitar el voto para una elección presidencial. ¿Cómo impulsar entonces una figura que reúna los requisitos básicos para ser la opción anti-K dentro de dos años?

Para reconstruir el espacio de la centro-derecha se deben cubrir al menos cuatro aspectos sustantivos: a. Ser relativamente joven y provenir del ámbito de la política, pero sin estar contaminado con escándalos de corrupción o sociedades extrañas con personajes de historial sombrío; b. Criticar la gestión de los gobiernos kirchneristas pero haber tenido algún tipo de vinculación con Néstor o Cristina y poder decir “en cierto momento fui del equipo”; c. Haber tenido un pasar al menos decoroso, en cargos públicos en años recientes; d. Formular un discurso que se sustente en dos argumentos principales: los gobiernos “K” desvirtuaron las políticas de los inicios de sus gestiones y proponerse como un dirigente capaz de corregir el rumbo para retomar lo “bueno” y desechar lo “malo”. En síntesis, la alternativa conservadora es al mismo tiempo, la “continuidad y negación” de la matriz política kirchnerista.
El trabajo de los medios en torno a su candidatura para diputado retoma, en buena medida, algunos de los valores que mencionamos. Muy notorio en los editoriales políticos de La Nación y Clarín y expresado con  lenguaje más rústico en radio y televisión. La derecha, en cualquiera de sus matices, sabe que es poco lo que puede esperar del resto del espectro opositor, los más cercanos por ideología (Lilita Carrió, de Narváez o Macri) no son solventes en las urnas y del centro hacia la izquierda, abunda el discurso “agitativo y testimonial” pero en la práctica no hay entendimiento y es difícil mezclar el aceite con el agua.

En este escenario, Sergio Massa lleva algunas ventajas, si libra con éxito la prueba de las elecciones legislativas de octubre próximo tendrá, de todas formas, un largo camino para convencer a la sociedad argentina que no es el candidato de los corporativos mediáticos ni de los capitales extranjeros. Y ya sabemos que en política, al más pintado, lo pueden vencer las tentaciones dibujadas de presagios que dicen:”…esta sí es tu hora…”

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