martes, 30 de abril de 2013

ARGENTINA: EL "DIÁLOGO" DE LA DERECHA.‏





Carlos Prigollini

Señalabamos en el último artículo de este mismo blog, que la marcha o cacerolazo del 18 de abril pasado no sólo careció de propuestas políticas, sino que tampoco ofreció interlocutor válido para una oposición descarriada, con pobres argumentos, vaguedad declarativa, ausencia de los mismos dirigentes que convocaron a la marcha, además de incluir en ella a sectores con claras intenciones golpistas.
Si sumamos que en dicha manifestación, los ataque homofóbicos estuvieron presentes como el hecho de golpear y quemar con cigarro a un par de participantes homosexuales, es obvio que estamos ante la presencia de un importante grupo de intolerantes y violentos.
No conforme con ello, el jefe del gobierno de Buenos Aires, el controvertido Mauricio Macri, envío a la policía Metropolitana a atacar el hospital neuropsiquiátrico Borda, el pasado 26 de abril, dejando un saldo de más de 50 heridos, incluidos 18 pacientes, y varios médicos.
Semejante atrocidad represiva fue minimizada por los grandes medios, como Clarín y La Nación, al mismo tiempo que el jefe de policía Guillermo Montenegro, justificaba el ataque a fotógrafos y periodistas sosteniendo que "el periodismo no está acostumbrado a que la policía actúe". Tanto Montenegro como la vicepresidenta del PRO, María Eugenia Vidal,  balbuceaban con simplismos y frases hechas, tratando de justificar lo injustificable. 

martes, 23 de abril de 2013

18-A: Y DÓNDE ESTÁN LAS PROPUESTAS?



Carlos Prigollini

Dificilmente podamos separar los pasados cacerolazos y su marcha, de lo acontecido el 13-S y el 8-N del año pasado.
Fueron miles de personas convocadas por redes sociales y la dirigencia opositora que marcharon en contra de las últimas reformas a la justicia. Suena paradójico que muchos de esos sectores como la izquierda solicitaran años pasados dichas reformas, pero mas allá de los secundarios datos estadísticos, que vislumbraron que esta marcha del 18-A fué cuantitativamente inferior a las pasadas, es de hacer notar que hubo una clara demostración de participantes de sectores altos y clase media, mismos que se reunieron en las zonas residenciales del barrio de Belgrano y de las calles Santa Fé y Callao.
Mientras algunos de los políticos opositores que convocaron al cacerolazo ni siquiera hicieron acto de presencia (caso Macri y De Narvaez) otros iniciaron extrañas alianzas que los unían mas por el espanto que por el amor (caso Carrió con Pino Solanas, o el rabino Sergio Bergman con el piquetero Raúl Castells).  Causó sorpresa que no hubiera un solo orador, aunque muchos se decepcionaron ante la esperanza que el camaleónico  periodista Jorge Lanata, no asumiera la voz de la multitud.
Coincidiendo con los sucesos de Venezuela se notaban carteles de apoyo a Capriles e insultos a la presidenta de la Nación con el clásico "andate a Venezuela" o "no queremos otro Chávez". También se observaban los exabruptos de siempre como el "se va acabar la diktadura K" realizados por algunos jovenes que llamativamente se siguen expresando con extraordinaria libertad de expresión (sabrán realmente el significado de la palabra dictadura ?),  tal es el marco que siempre acompañó a los manifestantes.
A pesar de los reiterados llamados de la oposición y del martilleo constante de los medios, el poderoso Grupo Clarín, y las redes sociales, se percibió una gran indiferencia a la misma por parte de los barrios mas populares y periféricos. Pero mas allá de los folklóricos cacerolazos y de la presencia siempre golpista de la Mesa de Enlace y de simpatizantes de la pasada dictadura militar, lo que llama poderosamente la atención es la absoluta falta de propuestas y de representación de la autodenominada oposición. 

MARADONA JUEGA UNO DE LOS PARTIDOS MÁS IMPORTANTES




Ángel Delgado


Si  Carlos  Marx hubiese sido contemporáneo nuestro, con  sobrada razón  a su concepto: “La religión es el  opio de los  pueblos” le habría agregado, la televisión y el futbol profesional.

A  través de la historia los individuos han tenido la necesidad casi existencial de identificar  la dimensión mítica de sus héroes deportivos  y asociarla con las causas que le son propias y de qué manera  influye en su contexto social. El deporte en general, el futbol en particular y la política, han sido siempre, y más en los tiempos actuales, un binomio casi indisoluble, pero estamos obligados a ubicarlo en su justa dimensión; como dice Cesar Luis Menotti: “El futbol es lo más importante de las cosas menos importantes”.

Por eso es válido recurrir a la imagen de estos personajes  cuando se deciden   abandonar “el club de los indiferentes” y asumen un compromiso  político y/o social;  su ejemplo puede servir  de antídoto pedagógico a la alienación masiva  impuesta por los medios;  aunque por si solos, no lograrían definir el triunfo de una causa, su participación resulta valiosísima al integrarse a un proyecto.

En los  Mundiales de Italia de 1934 y 38, Mussolini  naturalizó a varios jugadores argentinos de ascendencia italiana para reforzar su selección; además de amenazar a los árbitros con tal de ganar los campeonatos.

Por razones políticas Uruguay se rehusó a participar. Si hubiese participado casi con seguridad que la historia sería diferente. El quid del tema es que los principios no se pueden ni deben vender por más tentadora que sea la oferta.

En las Olimpiadas de Berlín en 1936 el atleta negro Jesse Owen rompió el mito de la superioridad racial aria al obtener 4 medallas de oro, pero a su regreso a los Estados Unidos, no fue recibido ni con bandas ni homenajes y mucho menos se le permitió compartir  derechos o espacios con los blancos.  Era el castigo endémico que le imponía la clase dominante estadounidense, cómplice y socia de la alemana, -en la cual ya destacaba la familia Bush-, aprovechándose del  bajo nivel   organizativo  de la población negra. Algo parecido le sucedió a Casius Clay (Muhammad Alí)  décadas después, al regresar de Tokio como Campeón Olímpico, negándole la entrada a una hamburguesería.

miércoles, 10 de abril de 2013

EL ARRIERO VA… Y CUENTA





Néstor S. Medina

            ¿Vándalos corruptos, bestias feroces, asesinos depravados, demonios mercenarios…? No encuentro adjetivos que sirvan para calificar al general Luciano B. Menéndez y sus esbirros del Ejército, la Policía Provincial y la Gendarmería de Córdoba. Los calificativos que conozco me suenan leves, benignos, indulgentes. ¿Cómo referirnos a esos 45 monstruos (seguro que hay más) acusados en la “megacausa de La Perla”? Los crímenes que se juzgan fueron cometidos entre 1975 y 1976 contra 417 víctimas de las que sobrevivieron sólo 162. A estos, se suman más de 600 testigos.

            Menéndez, a quien apodan la “Hiena de La Perla”, estableció un sistema de centros clandestinos de detención, tortura y exterminio en la provincia de Córdoba. Comprobados hasta hoy: “La Perla”, “La Ribera”, “La Perla Chica”, “Hidráulica”, la Comisaría de Unquillo, la Subcomisaría de Salsipuedes, el Destacamento Caminero de Pilar, la Cárcel de Encausados, el Hospital Militar Córdoba, el “Embudo” del dique San Roque, la cárcel para mujeres El Buen Pastor y la D2 de la Policía Provincial (junto a la Catedral). La red se completaba con la Unidad Penitenciaria 1 del barrio San Martín. Todos estos “centros” estaban bajo jurisdicción del Tercer Cuerpo de Ejército y custodiados por Gendarmería Nacional con base en Jesús María.  

El mismo día de inicio del juicio oral y público, el gobernador José Manuel de la Sota, habló de “los jóvenes que se enamoraron de las armas”, suscribiendo la teoría de los “dos demonios” aceptada, como una molestia menor, por los genocidas. Uno de los imputados, el exmilitar Héctor Verguez alias “Vargas”, declaró que era habitual que importantes empresarios delataran a sindicalistas “problemáticos” acusándolos de subversivos. Y abundó: “Los gendarmes eran los que tenían a cargo la seguridad interna y externa de La Perla y La Ribera. Son los que también cometían los homicidios de los guerrilleros (…) Los miembros del Poder Judicial cordobés sabían todo y no hacían nada.”

            El llamado megajuicio o “Menéndez III” -supongo que por ser la tercera causa contra el excomandante- no tiene precedentes fuera de Argentina, en nuestro continente. Por la cantidad de imputados y la gravedad de los crímenes cometidos, podría compararse en varios aspectos con los procesos de Núremberg en 1945 contra los nazis. En ambos casos: militares involucrados, crímenes de guerra (“guerra sucia” en Argentina), crímenes de lesa humanidad, afinidad ideológica de los genocidas y cero arrepentimiento por parte de los acusados en ambos juicios. Hubo un suceso singular en el caso cordobés: Uno de los imputados, el ex represor Aldo Carlos Checchi, se suicidó de un balazo en un hospital militar, a pocas horas del inicio del proceso. ¿Al menos uno con sentimiento de culpa?