lunes, 25 de marzo de 2013

ARGENTINA: 37 AÑOS DESPUÉS.




  " Ignoran que la multitud no odia, odian las minorías porque conquistar derechos da alegría, mientras perder privilegios, provoca rencor"

                                                                                                                                                                       Arturo Jauretche.

Carlos Prigollini


Hace 37 años, el 24 de marzo de 1976 se inició la noche aciaga de los argentinos, una verdadera pesadilla que arrasó con los mejores hijos del pueblo.
El genocidio llevado a cabo  por los cobardes militares de la época, alentados por grupos civiles que siempre atentaron contra el pueblo fue un plan sistemático y premeditado de exterminio a nivel nacional a través de secuestros, robos como botines de guerra, tortura en centros clandestinos de detención, censurando las mas elementales de las libertades y todos los derechos humanos. Simultaneamente se iniciaba el desmantelamiento del aparato productivo, se extinguía a la industria nacional y se daba la mas cordial bienvenida a las inversiones foráneas, para de inmediato ir a la cacería de todo aquel trabajador, obrero o delegado que expresara su disenso con tan particulares medidas. La dictadura militar encabezada por el hoy preso general Jorge Videla fue la mas brutal y asesina que haya padecido el país, y dicho exterminio se extendió a los países vecinos por medio del tristemente célebre plan Cóndor, mediante el intercambio de prisioneros y de información de aquellos compañeros que militaban en las organizaciones hermanas.
Bajo la tutela del departamento de Estado y del pentágono, semejante atrocidad costó la vida de más de 30.000 argentinos, miles de compañeros presos, muchos de los cuáles fueron asesinados en los llamados vuelos de la muerte.  
A ello le agregamos mas de 2 millones de exiliados y muchos sobrevivientes que hasta el día de hoy arrastran las consecuencias psicológicas y sociales de los brutales actos del terrorismo de Estado.
Los militares iniciaron el principio del fin con la fracasada toma de las islas Malvinas, cayendo derrotados al poco tiempo por los ingleses, cuya tragedia marcó el último periplo de los genocidas, que atrapados en sus propias redes decidieron retomar el camino electoral. 
En diciembre de 1983 Raúl Alfonsín reanuda la democracia restringida que estuvo marcada por serios condicionamientos que los carapintadas militares de la época, le signaran al ex presidente, con verdaderas aberraciones jurídicas como la obediencia debida y el punto final, que evitaba el juzgamiento a las ex juntas militares, por los crímenes de lesa humanidad.
Poco después, en 1989 el pueblo argentino asiste impávido a un régimen que se decía democrático y peronista, pero defrauda y traiciona las ilusiones populares por medio de una brutal ola de privatizaciones que empeñan el patrimonio nacional en manos de empresas extranjeros y capitales de dudoso orígen. El período del entonces presidente Carlos Menem fué una de las épocas de peor calidad moral de la sociedad, causando la mayor oleada de despidos a través de la reaccionaria ley de flexibilidad laboral, que practicamente anulaba los recursos de huelga y toda defensa del obrero o trabajador. Su infame década produjo un deterioro y ruptura en el tejido social y económico que dificilmente pueda ser recuperado en muchos años. El menemismo aumentó notablemente los índices de marginalidad y de pobreza extrema, así como también la salida de la población hacia el exterior, en busca de mejores horizontes.
Así las cosas, en diciembre del 2001 y posteriormente a la huída del presidente Fernando De la Rúa en helicóptero-suceso conocido como el argentinazo- consecuencia de sus pésimas politicas antipopulares, entre ellas la confiscación de los ahorros bancarios de la gente por decreto envíado por el ministro de economía Domingo Cavallo, mismo que fuera director del Banco Central durante la dictadura, el default, el vacío legal y el desorden se apoderan de un país en llamas. Consecuencia de ello se deviene un período de cinco diferentes presidentes en una semana y un corto interinato de otro presidente que decretaría elecciones generales en el año 2003.
 En mayo de ese año, un desconocido Néstor Kirchner gana las elecciones, y al poco tiempo hace una correcta lectura de la realidad nacional para regresar las ilusiones perdidas a un pueblo lastimado y herido por décadas enteras.
El juicio y castigo a los culpables (mas de 800 represores en la cárcel), las reivindicaciones cumplidas a nivel de derechos humanos, la movilización de las históricas Madres de Plaza de Mayo, así como también la lucha por la memoria, verdad y justicia, lograron profundos avances en la conciencia colectiva sobre la necesidad de perseguir, enjuiciar y condenar a los genocidas y a los cómplices, promotores y civiles de la ultima dictadura. En materia económica, las asignaciones universales por hijo, la estatización de los fondos y jubilaciones de los pensionados, así como también establecer el comercio exterior con los paises vecinos, a través de la Unasur, el Mercosur y el ALBA, fueron iniciativas que permitieron el surgimiento de un país que tenía más de 40 años de estancamiento y pobreza por responsabilidad directa de los gobiernos neoliberales que lo precedieron. Prueba de ello es que hoy, a diez años de gobierno kirchnerista y bajo la presidencia de Cristina Fernández, Argentina marca por vez primera en medio siglo indíces positivos en desocupación, pobreza y mortalidad infantil.
El hecho inclaudicable de lograr el trasvasamiento generacional, permitiendo a las jóvenes generaciones de hoy ingresar y militar politicamente es sumamente importante para que Argentina nunca más regrese a ese pasado siniestro.
Tal como lo manifestó el día de ayer, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, en un acto de inauguración de un centro de investigación "el mandato de los desaparecidos es estar junto a los más vulnerables". 

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