jueves, 9 de agosto de 2012

MILAGRO SALA Y LOS APOYOS SOCIALES DEL GOBIERNO “K”




José Miguel Candia

La convergencia de fuerzas políticas y sociales, que de manera precaria y urgidas por la coyuntura electoral que siguió a la debacle de diciembre de 2001,  construyeron la victoria electoral de Néstor Kirchner en abril del 2003, expresaban cuatro vertientes principales del arco político argentino de ese momento: a. Quienes buscaban de manera desesperada, una reparación económica después del corralito financiero, del hundimiento del modelo “cavallista” y de la renuncia del presidente De la Rúa en medio de violentas manifestaciones y saqueos de comercios y locales públicos; b. El reagrupamiento de las fuerzas políticas convencionales después del masivo repudio hacia el antiguo sistema de representación electoral y hacia las dirigencias partidarias tradicionales, vale recordar la consigna “que se vayan todos que no quede ni uno solo…”, c; La decisión de un conjunto importante de cuadros políticos intermedios, relativamente alejados de las funciones públicas, en su mayoría herederos de la experiencia militante de los setenta y preocupados por la construcción de un espacio de actuación -   definido genéricamente como “centro-izquierda” – que superara las limitaciones que ofreció el gobierno de Raúl Alfonsín en 1983 y les permitiera digerir el catastrófico derrumbe del gobierno de la “Alianza” que impulsó al presidente De la Rúa y el fracaso del progresismo ofrecido por una corriente del peronismo que se agrupó bajo el nombre de “Frente Grande”, d. Con objetivos no claramente electorales también se sumó a la convergencia que dio su apoyo a Néstor Kirchner, buena parte del arco de organizaciones piqueteras y barriales que habían resistido a pie firme las privatizaciones y la pérdida de fuentes de trabajo durante los gobiernos de Carlos Menem. Estos sectores ponían el acento en la recuperación del empleo, en la ampliación de los programas sociales y en la defensa de la capacidad adquisitiva del ingreso de los trabajadores.


Los primeros tres actores procuraban cerrar el paso a una probable restauración menemista y encontraban en la coyuntura electoral una herramienta útil de expresión política y de acceso al control del gobierno. El papel de los movimientos sociales y su relación con las estructuras partidarias es, por el contrario, bastante más complejo y pasa por caminos que no están necesariamente establecidos en las formas institucionales y jurídicas que fueron pensadas  para las contiendas electorales. El establecimiento de gobiernos que recuperan las tradiciones del campo “nacional y popular” – los Kirchner, Evo Morales, José Mugica, Hugo Chávez, Rafael Correa - abre espacios de negociación por dentro y por fuera del marco institucional, que sabiéndolos explotar adecuadamente contribuyen a potenciar las capacidades de gestión, pero crea, al mismo tiempo, una fuente de conflicto potencial si se intenta cooptar la voluntad popular que se expresa a través de estos movimientos sociales.

En los casos de Bolivia y Ecuador las relaciones de los presidentes Morales y Correa con las organizaciones indígenas ha tenido desencuentros y sobresaltos que han puesto en peligro el abanico de alianzas que le dan votos y soporte social a sus mandatos. En la experiencia argentina las relaciones han sido menos conflictivas y lo “político y lo social” supieron caminar de la mano un buen trecho, pero está latente una definición que puntualice el papel de las organizaciones sociales “no partidarias” en la gestión de los asuntos públicos. Tanto Néstor como Cristina Kirchner mantuvieron la cobertura de los programas sociales y una relación amigable hacia los reclamos sectoriales que provienen de franjas de población caracterizadas por sostener una vinculación débil con el mercado formal de trabajo y cuyos ingresos provienen de empleos precarios, inestables y mal remunerados.

Milagro Sala, la reconocida dirigente y promotora del movimiento Tupac Amaru, con fuerte arraigo en las provincias de Jujuy y Salta, abrió nuevas interrogantes al proponer, hace poco más de una semana, la creación de una fuerza política que los represente en las próximas elecciones legislativas del año 2013. El Partido por la Soberanía Popular tendrá por ahora representación exclusivamente provincial y hasta donde Milagro Sala expresa el sentir que anima a esta nueva agrupación política, la intención es acompañar al gobierno de la Presidente Cristina (Página 12; 29/07/12). Aun así, la decisión  del movimiento Tupac Amaru de contar con un brazo político que tenga registro y presencia electoral lanza un mensaje al resto de los movimientos sociales. ¿Deben seguir este camino las organizaciones barriales y piqueteras de mayor representatividad y capacidad de movilización?, y en ese caso ¿cabe esperar una actitud de colaboración con el Frente para la Victoria o la pelea por la ampliación de espacios políticos propios aun a riesgo de abrir fisuras en el campo popular? Son demasiadas preguntas para responder en esta nota, mientras tanto el gobierno nacional tendrá que seguir usando mano de seda en su relación con las organizaciones sociales, ni exigir lealtades a toda prueba ni confrontaciones gratuitas que debiliten los anclajes de las fuerzas democráticas y populares.




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